viernes, 12 de mayo de 2017

Hasta siempre negrito


  POR ANA ESCAURIAZA

Conocí a Diego Valor un otoño de 2014 en La Zarzuela. Aquel día, como cada vez que venían a verme a Madrid, estaban mis padres disfrutando de un día de carreras. Con el programa en mano, y ya antes de la primera carrera, a mi padre le llamó la atención aquel caballo, aunque sólo fuese por el nombre. Recordó que, en su infancia, existía un super héroe con el mismo apelativo. Curiosamente, el nombre ha servido también para rendir homenaje de Diego Martínez, quien  fue el jockey del primer ejemplar de la Cuadra Odisea. Pero para mí, el caballo ya estaba marcado con ese halo de épica propia de los super héroes.

Y en cierto modo, ha sido así y Diego Valor ha tenido que enfrentarse a muchísimos retos, saliendo airoso casi siempre. Este hijo de “Le Havre” no ha tenido una vida deportiva fácil pese a que su palmarés pueda dar a entender lo contrario. Con 2 años se atrevió a correr el Antonio Blasco, siendo cuarto. Al año siguiente escoltó al gran “Arkaitz” en su Poule y ganó tres carreras (entre ellas, el Antonio Blasco y una carrera en Francia) siendo segundo en dos y colocándose en el Carudel.


A cuatro años, el caballo muestra todo su poderío. Reaparece nada menos que en un Grupo III (el Premio Edmond Blanc) siendo tercero y, además, conquista el Hispanidad y el Carudel, siendo segundo en el Gobierno Vasco. Ese mismo año se hace con dos victorias más (en Madrid y La Teste) y cierra el año sin caerse del dinero en ninguna de las carreras disputadas. Diego Valor es, en 2015, uno de los caballos con más nivel del hipódromo y, con permiso de “Cielo Canarias” el rey de la milla.

El 2016, su temporada con 5 años, pinta bien para “Diego Valor”. De nuevo, reaparecerá en el Edmond Blanc. El de la Cuadra Odisea tiene a su alcance hacerse con todo un Grupo III. Conocedores de sus posibilidades, UMA y Luis Horcajada deciden acompañarle en el viaje y preparan un precioso reportaje sobre la gesta. En esta historia, super héroe  y periodistas no son enemigos, sino que entre todos surge un gran equipo que empujará a “Diego Valor” a la meta. 

 El negrillo repite su tercer puesto, todo un logro. Pero, a las pocas horas de finalizar la carrera, llegan malas noticias: “Diego Valor” se ha roto. Su tercera plaza sabe a victoria en el Arco del Triunfo cuando sabemos que el de la Cuadra Odisea hizo los últimos metros lesionado y fueron su corazón y su clase los que le empujaron hasta la meta. Como todo protagonista épico, “DIego Valor” se crece ante la adversidad y logra dar la vuelta a una situación que, sólo unas viñetas antes, parecía imposible.
  
 
Desgraciadamente, la lesión es de entidad. Pero como todo gran super héroe, “Diego Valor” cuenta con un “ayudante” de lujo: su propietario, Jesús Fernández Mur. Si hasta ahora la labor del señor Fernández Mur ha sido fundamental para lograr los éxitos de “Diego Valor” (pero como todo buen colaborador del super héroe, sabe mantenerse al margen y dejar que los focos se centren en el protagonista de la historia), en este momento se vuelve imprescindible. Aunque la retirada del caballo es una opción más que viable, pues ya tiene un palmarés envidiable, su propietario decide hacer lo imposible y recuperarlo: “Diego Valor” volverá a las pistas y, como todo gran super héroe, volverá todavía más fuerte.
Tras una operación y 10 largos meses, nuestro protagonista aparece en Dos Hermanas haciendo un digno quinto puesto. La temporada avanza y “Diego Valor” se matricula en una carrera en Madrid, que finalmente no disputa. De nuevo, y esta vez en un entrenamiento, el negrillo se ha roto. Estamos a 1 de marzo.

Esta vez la vuelta a la pista es impensable. La opción más racional, económica y lógica es sacrificar al caballo. Pero no estamos ante un purasangre normal, sino ante un super héroe y la historia no puede acabar así. Sería un chasco para sus fans. Imaginemos que, tras pagar una entrada de cine y ver más de una hora de filme, Superman decide retirarse porque su archienemigo está recubierto de kriptonita. O que Spiderman cuelga el traje porque se queda sin tela de araña.

Y cuando más lo necesita, reaparece el ángel de “Diego Valor”. Jesús Fernández Mur intenta lo imposible: el caballo será operado e intentarán recuperarlo, aunque sólo sea para que pueda vivir tranquilo. La decisión rompe todos los cánones de la lógica y, especialmente, la sensatez económica: el propietario sólo va a perder dinero con esta operación pues, aunque el caballo se recupere, nunca más volverá a correr.

Pero eso da igual, porque sólo quien ha tenido la suerte de compartir aventuras con un super héroe sabe que, lo de menos, es el dinero. ¿O acaso algún protagonista de cómics y películas busca sólo el beneficio económico? “Diego Valor” no va a ser menos.

Es lunes 6 de marzo y un cirujano francés, expresamente traído para operar al caballo, introduce unos tornillos en la extremidad de nuestro protagonista. Todo el procedimiento se dilata durante 7 larguísimas horas. La operación ha sido un éxito pero ahora viene lo realmente difícil: la recuperación.

Para ello, “Diego Valor” cuenta con el apoyo de amigos, seguidores y otros héroes como el jockey Jose Luis Martínez (compañero de las más épicas historias del caballo) quien le visita al día siguiente, el 7 de marzo.

A los pocos días, “Diego Valor” sufre una infección y los peores augurios, que antes eran sólo rumores, ahora se oyen a gritos. Pero el héroe lucha, se retuerce y sale adelante.

El invierno se queda atrás y la primavera hace su entrada. “Diego Valor” sigue su lenta pero imparable recuperación. A finales de abril tenemos una nueva noticia: nuestro héroe ya apoya su extremidad. En un bonito vídeo, podemos ver cómo el caballo mantiene el apetito y la curiosidad y cómo, cada tranco, le produce dolor pero, a la vez, le acerca más a la recuperación.

Y llega el fatídico 9 de mayo. Jesús Fernández Mur anuncia, vía twitter, que “Diego Valor” no pudo superar el gran reto que tenía entre sí y ha tenido que ser sacrificado.

Lo leo en la cama, cerca de las doce de la noche, y se me hiela la sangre. “No”, pienso. “No puede ser”. “En los cómics - me digo-, siempre ganan los super héroes”. Inmediatamente decido mostrar mis condolencias a quien fue su apoyo, soporte, propietario y, ante todo, ángel: Jesús Fernández Mur.
A la mañana siguiente, ya más serena, veo con satisfacción que mi mensaje se ha diluido en un auténtico mar de condolencias y agradecimientos de todos los aficionados, profesionales, periodistas y amigos. Y ahí me doy cuenta del error: claro que “Diego Valor” ha ganado; aunque ya no esté entre nosotros, su historia, su épica, se mantendrá viva en la memoria de todos los aficionados. Y es que si hay algo más importante que el propio super héroe, es, sin duda, el legado que nos deja.

 

 PD: quiero acabar este extenso artículo dándole las gracias, muy humildemente y de todo corazón, a todas las personas que han hecho posible que Diego Valor intentase luchar por su vida y, muy especialmente, a su propietario Jesús Fernández Mur. No tengo el honor de conocerle pero alguien que destina su dinero y sus esfuerzos en proteger y salvar a un caballo, a un animal indefenso y económicamente inservible, merece toda mi admiración. Seguro que todos estos esfuerzos no han sido en vano y el próximo caballo de la Cuadra Odisea que salga a la pista se ve empujado por este gran héroe que ha sido “Diego Valor”.

PD2: me gustaría hacer también un especial agradecimiento a Luis Horcajada, quien ha cedido las fotos para este artículo. He descubierto que no sólo destaca como gran fotógrafo, sino como excelente persona. Todo han sido buenas palabras, disposición y rapidez para poder ilustrar estos párrafos.

¡Hasta siempre negrito!


* fotografías cedidas por Luis Horcajada